Reseña del gastrónomo
Desde 1985 este restaurante mejor conocido como cenaduría Titas, enclavado en el
dentro del pueblo de Santa Anita, es un must para conocer. Yo me llevé una gran
sorpresa, ya que muchos me hablaban de él y de su gran sabor. El lugar es ámplio y
apretado en mesas y algunas barras para albergar comensales que llegan solos. Se
denota la limpieza y se percibe mucho movimiento, Su servicio es de lo mejor, expedito y
atento como debe ser.
Hay que poner el waze para llegar, ya que si no conoces el pueblo, como yo, es fácil
perderse. El estacionamiento en directamente en la calle, no tuve problema alguno para
encontrar lugar.
Esta vez acudí solo y probé un poco de todo y claro el sobrante lo pedí para llevar.
Inicié con un pozole mini $50 (hay chico $65 y grande $80) lo pides con la carne de tu
preferencia, tienen de todo, yo lo pedí con pata y carnaza. De caldo rojizo, en plato de
barro, de verdad era mini, justo para los que quieren probar y deleitar otras cosas. De
sabor auténtico, sin sentirse grasoso, su grano bien reventado y su carne muy tierna y
buena. La pata desmenuzada de primera. Uno de los mejores pozoles que haya comido.
Seguí con una buena flauta de pollo $35 (tienen de carne, surtida, lengua, cabeza y
sesos) aquí confeccionan la flauta uniendo dos tortillas y formando el rollo característico,
de tamaño considerable, bien rellena de pura pechuga desmenuzada, con una fritura
perfecta, que le da ese acabado tronador que tanto gusta a los que somos amantes de
este platillo. Bien escurrida y presentada en plato con crema de rancho, un poco mas
liquida de los normal, lechuga y rábanos. Y bañada en una salsita dulce de jitomate. Justo
para darle una buen bendicioón con su salsa de chile Yahualica casera de alto picor que
en combinación con la dulce y la crema que va quedando en al plato una salsita digna de
chopear y acabar limpiendo el plato a cucharazo limpio.
Seguí con una enchilada de carne $25 (la ofrecen también de pollo o queso y cebolla)
tienen verdes o rojas. Yo pedí roja. De carnaza muy blandita y limpia y de muy buen
sabor, con un adobo muy bien impregando en la tortilla, presentada en plato trinche (plano
pues) y bañada con la salsita de jitomate dulce, crema, queso, lechuga y rábanos para dar
el cerrojazo.
Por último y como ya se había ido el mecate, deje ir la cubeta y pedí una tostada de pata
deshuesada $60 (entera $45), tienen de cuerito, panela, pierna, oreja, cabeza, lengua y
pollo. Con una untada ligera de frijoles refritos aguados, un a pata de suprema calidad de
cocción y de sabor, creo que es la más buena que he comido sin lugar a dudas, muy bien
deshuesada y presentada en pedazos muy pequeños, hicieron de este último bocado el
favorito del lugar. Con su salsita de chile, su lechuga y el baño de salsa dulce fue un
verdadero gusto romper la dieta.
Larga vida Restaurante Tita.
¡Sé feliz!
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